América Latina vuelve a demostrar que puede resistir los golpes de la economía mundial, pero todavía no logra convertir esa resistencia en un verdadero salto de desarrollo. El Banco Mundial proyectó este 6 de octubre que la región crecerá un 2,2 % en 2026, una cifra cercana al 2,4 % registrado en 2025. El dato evita el escenario de una recesión generalizada, aunque confirma un problema más profundo: la región continúa avanzando demasiado lentamente.
El promedio esconde, además, realidades muy distintas. Mientras algunas economías centroamericanas y caribeñas crecerían por encima del 4 %, los dos mayores mercados de la región —Brasil y México— mostrarían un ritmo mucho más moderado. Esta diferencia revela que no existe una sola América Latina, sino países que están respondiendo de manera muy desigual a los mismos desafíos internacionales.
Resistir no significa despegar
Un crecimiento del 2,2 % puede parecer aceptable en un contexto marcado por conflictos geopolíticos, costes energéticos elevados, tipos de interés todavía restrictivos y menor dinamismo del comercio mundial. La región ha evitado, hasta ahora, una crisis comparable con las grandes recesiones del pasado. Sus bancos centrales actuaron con anticipación frente a la inflación y varios gobiernos conservaron cierto margen de estabilidad macroeconómica.
Sin embargo, crecer ligeramente por encima del 2 % apenas permite mejorar el ingreso por habitante. Cuando se descuentan el aumento de la población y las profundas desigualdades internas, el avance resulta insuficiente para generar empleos formales, financiar mejores servicios públicos y reducir de manera sostenida la pobreza. América Latina puede estar estable y, al mismo tiempo, permanecer estancada.
La brecha entre los países se amplía
El Banco Mundial destaca que El Salvador, Paraguay, Panamá y República Dominicana figuran entre las economías con mayor crecimiento previsto. Sus resultados responden a combinaciones diferentes de inversión, servicios, exportaciones, estabilidad macroeconómica y apertura comercial. No existe una receta única, pero sí un patrón común: los países que atraen capital y facilitan la actividad productiva avanzan con mayor rapidez.
En contraste, Brasil y México crecerían a tasas más bajas, de 2,1 % y 1,4 %, respectivamente. Debido al enorme peso de ambos países, su desaceleración limita el promedio regional. Argentina, por su parte, podría completar tres años consecutivos de expansión entre 2025 y 2027, algo que no ocurría desde hace casi dos décadas, aunque su recuperación dependerá de la continuidad de los ajustes y de la capacidad de atraer inversión.
El verdadero problema es la productividad
La región no carece de recursos. Posee minerales críticos, tierras agrícolas, energía renovable, biodiversidad, población joven y una posición estratégica entre Estados Unidos, Europa y Asia. El obstáculo es transformar esas ventajas en empresas competitivas, innovación, infraestructura y trabajos de mayor calidad. Durante años, gran parte del crecimiento dependió de precios favorables de las materias primas y del consumo interno.
Ese modelo ofrece alivio cuando el cobre, el petróleo o los alimentos se encarecen, pero no garantiza un desarrollo duradero. Para crecer más, los países necesitan reducir costes logísticos, mejorar la educación, ampliar la conectividad digital, facilitar la creación de empresas y fortalecer instituciones que den seguridad a las inversiones. La productividad no aumenta mediante discursos: requiere decisiones públicas coherentes y continuidad.
La inteligencia artificial abre una oportunidad
El nuevo informe del Banco Mundial presta especial atención a la inteligencia artificial y a su capacidad para elevar la productividad. La tecnología puede ayudar a pequeñas empresas a organizar ventas, reducir costes, acceder a mercados internacionales y tomar mejores decisiones. También puede transformar servicios públicos, sistemas de salud, educación, agricultura y administración tributaria.
Pero la IA no producirá automáticamente un crecimiento inclusivo. Las economías con mejor infraestructura digital, talento y acceso a financiación capturarán primero sus beneficios. Si los gobiernos no invierten en capacidades y conectividad, la tecnología podría ampliar la distancia entre grandes empresas y pequeños negocios, entre capitales y zonas rurales, y entre trabajadores altamente cualificados y quienes realizan tareas fácilmente automatizables.
¿Qué significa para el Perú?
Para el Perú, el mensaje es especialmente relevante. La estabilidad macroeconómica, la fortaleza monetaria y los recursos mineros ofrecen una base importante, pero no bastan para acelerar el desarrollo. El país necesita convertir su cartera de proyectos, sus puertos, su potencial agroexportador y su riqueza mineral en nuevas cadenas productivas que conecten a más regiones y empresas.
El crecimiento peruano será más sólido si las inversiones dejan de depender de episodios aislados y se integran en una estrategia de largo plazo. Chancay, el Callao, el cobre, la agroexportación y las energías renovables pueden abrir oportunidades, siempre que se complementen con carreteras, seguridad, capital humano, simplificación administrativa y reglas previsibles.
Una región estable, pero todavía vulnerable
La previsión del 2,2 % contiene una buena y una mala noticia. La buena es que América Latina conserva capacidad de resistencia en un entorno internacional difícil. La mala es que su velocidad de crecimiento continúa lejos de lo necesario para cerrar brechas sociales y competir con las regiones más dinámicas del mundo.
El reto no consiste únicamente en crecer durante un año, sino en sostener una expansión superior durante una década. Eso exige disciplina macroeconómica, pero también inversión, innovación y mejores políticas públicas. América Latina ya ha demostrado que puede evitar el colapso. Ahora necesita demostrar que puede dejar atrás la mediocridad económica y convertir sus ventajas en prosperidad compartida.
Fuentes consultadas
- Banco Mundial: Panorama Económico de América Latina y el Caribe, publicado el 6 de octubre de 2026.
- Banco Mundial: Perspectivas Económicas Mundiales, junio de 2026.
- Comisión Económica para América Latina y el Caribe: proyecciones regionales para 2026.
Sobre el autor
Hugo Gabriel Amarillo Cordero es especialista en gestión pública, políticas públicas y análisis económico. Es máster en Administración y Gestión Pública por la Universidad de Cádiz y magíster en Gobierno y Políticas Públicas por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta con más de diez años de experiencia en el sector público y se desempeña como docente, expositor y creador de contenido especializado. Actualmente reside en España, desde donde publica análisis sobre economía y relaciones internacionales.

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