La visita del jefe del nuevo Comando del Hemisferio Occidental del Ejército de Estados Unidos eleva el nivel de la cooperación militar con Perú. Detrás de una reunión aparentemente protocolar aparecen intereses relacionados con seguridad, narcotráfico, Amazonía, rutas comerciales y competencia internacional.

Una reunión celebrada dentro del Cuartel General del Ejército del Perú podría parecer un acto protocolar más. Sin embargo, esta vez llegó a Lima el responsable de una estructura militar estadounidense dirigida por un general de cuatro estrellas y concebida para operar en todo el hemisferio.

La información oficial señala que ambas delegaciones intercambiaron experiencias sobre operaciones militares e identificaron oportunidades para fortalecer sus capacidades. El comunicado no anunció la instalación de una base, el despliegue de tropas estadounidenses ni una compra de armamento. Su importancia está en la jerarquía del visitante y en el momento estratégico en que se produce el acercamiento.

Una señal de mayor peso

El Comando del Hemisferio Occidental del Ejército de Estados Unidos fue activado en diciembre de 2025 como parte de una reorganización de sus fuerzas terrestres. La nueva estructura integra funciones que antes estaban distribuidas entre diferentes mandos y brinda apoyo tanto al Comando Norte como al Comando Sur de Estados Unidos.

No debe confundirse con este último. El Comando Sur coordina capacidades de distintas ramas militares, mientras que el nuevo comando pertenece específicamente al Ejército. Sus responsabilidades incluyen planificación, preparación de fuerzas, cooperación regional y respuesta ante eventuales crisis en el continente.

Que su máximo responsable haya viajado a Perú indica que Washington busca establecer interlocución directa con países considerados relevantes para su estrategia regional. Esto no demuestra la existencia de un acuerdo secreto, pero tampoco debería reducirse a una fotografía protocolar.

¿Por qué Perú resulta estratégico?

Perú conecta el Pacífico sudamericano con los Andes y la Amazonía. Sus fronteras, su acceso marítimo y su cercanía a importantes rutas comerciales le conceden valor para enfrentar redes criminales, proteger infraestructura y responder a emergencias en geografías particularmente exigentes.

El país también posee experiencia militar acumulada en selva, montaña y territorios afectados por narcotráfico, minería ilegal, terrorismo residual y limitada presencia estatal. Aunque estos problemas son nacionales, sus redes financieras y logísticas atraviesan fronteras. Por ello, la cooperación internacional puede aportar inteligencia, comunicaciones y capacidad de coordinación.

La dimensión económica tampoco puede separarse de la seguridad. Los puertos, las redes digitales, los corredores logísticos y los proyectos energéticos pueden verse afectados por crimen organizado, ciberataques, sabotaje o desastres naturales. En ese contexto, proteger infraestructura crítica también significa proteger comercio, empleo e inversiones.

¿Qué debería negociar Perú?

La pregunta más importante no es solamente qué busca Estados Unidos, sino qué puede obtener Perú de una relación más estrecha. Una cooperación útil debería fortalecer capacidades nacionales que permanezcan en el país cuando terminen los ejercicios, cursos o programas de asistencia.

Uno de los campos prioritarios es la interoperabilidad: la posibilidad de que distintas fuerzas se comuniquen y actúen conjuntamente sin perder sus respectivas cadenas de mando. Equipos compatibles y protocolos comunes pueden resultar decisivos durante terremotos, inundaciones, incendios o intervenciones contra organizaciones transnacionales.

También existe espacio para mejorar formación, logística, ciberdefensa e inteligencia. Sin embargo, enviar oficiales a cursos aislados produce un impacto limitado. El objetivo debería ser formar instructores peruanos, reproducir el conocimiento dentro del país y establecer indicadores que permitan evaluar resultados.

Perú fue reconocido en enero de 2026 como aliado principal de Estados Unidos fuera de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Esta categoría facilita determinadas formas de cooperación, entrenamiento y acceso a material estadounidense, pero no incorpora al país a la alianza atlántica ni obliga a Washington a defenderlo automáticamente.

La industria de defensa debería formar parte de cualquier negociación. Si la relación se limita a comprar equipos terminados, Perú continuará dependiendo de repuestos, licencias y asistencia extranjera. Una estrategia más ambiciosa buscaría mantenimiento local, capacitación técnica, transferencia de conocimiento y participación de empresas nacionales.

China está en el escenario, pero no lo explica todo

China no fue mencionada públicamente en la reunión. Tampoco existe evidencia que permita afirmar que la visita tuvo como único propósito contener su influencia. Sin embargo, sería ingenuo ignorar el contexto.

Beijing ha incrementado su participación en minería, energía e infraestructura portuaria peruana, mientras Washington conserva vínculos históricos más profundos en defensa y seguridad. Ambos países utilizan instrumentos diferentes para consolidar su presencia en una nación que conecta recursos estratégicos, rutas comerciales y acceso al Pacífico.

Perú no necesita elegir automáticamente entre Estados Unidos y China. Puede mantener relaciones comerciales con Beijing, cooperar en seguridad con Washington y desarrollar tecnología con socios europeos o asiáticos. La diversificación puede reducir dependencias, siempre que responda a una estrategia nacional coherente.

La llegada de un general de cuatro estrellas muestra que Perú ha adquirido mayor relevancia en el tablero hemisférico. Pero recibir atención internacional no equivale necesariamente a ganar poder. El resultado dependerá de la capacidad peruana para convertir esa atención en formación, tecnología, industria y autonomía.

Estados Unidos está moviendo una ficha. Ahora corresponde a Lima decidir qué está dispuesto a negociar y qué capacidades quiere conservar. Si la cooperación deja conocimiento y fortalece instituciones, será una oportunidad. Si únicamente genera nuevas dependencias, Perú habrá confundido reconocimiento internacional con influencia propia.

Fuentes consultadas:

Agencia Peruana de Noticias Andina: Ejército del Perú y Comando Occidental del Ejército de Estados Unidos fortalecen cooperación.

Departamento de Defensa de Estados Unidos: activación del Comando del Hemisferio Occidental del Ejército.

Registro Federal de Estados Unidos: designación de Perú como aliado principal fuera de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Sobre el autor

Hugo Gabriel Amarillo Cordero es especialista en gestión pública, políticas públicas y análisis económico. Cuenta con más de diez años de experiencia en el sector público y se desempeña como docente, expositor y creador de contenido especializado. Actualmente reside en España, desde donde publica análisis sobre economía y relaciones internacionales.

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